Responsabilidad emocional en la empresa

 

Situación hipotética. La empresa X decide que es hora de demostrarle a su público de relacionamiento que es una compañía comprometida con el desarrollo social, y para esta misión asciende a uno de sus gerentes a quien posiciona como líder del área de responsabilidad social empresaria (RSE).

Pero la cuestión es que este sujeto que ejerce el liderazgo de la RSE de su organización ve a sus colaboradores como enemigos, compite con ellos, trabaja compulsivamente y exige lo mismo a su equipo, se propone metas no realistas para gestionar el accionar responsable de la compañía y se muestra hipercrítico consigo mismo y los demás. Lamentablemente, para la empresa y para ese ejecutivo, han elegido para un puesto orientador, estratégico y que requiere una gran coordinación, a un analfabeto emocional.

La gestión de la RSE implica compromiso. En primer lugar con quien está al frente de esa gestión (o sea, con uno mismo) y, lógicamente, con quienes se ejerce el poder de liderazgo.

Si queremos que una empresa lidere en materia de responsabilidad social debemos establecer de base una diferencia no menor: en las empresas trabajan personas, sujetos que piensan y sienten (y a partir de ello actúan), ya no empleados.

Si quien lidera no es capaz de obtener todo el potencial de los sujetos a su cargo, es pura y exclusivamente por una falta de aptitud emocional de sí mismo. Quien llega a liderar es el ejemplo, es el norte al que todos van a mirar cada vez que haya que pegar un golpe de timón.

Implementar una planificación estratégicamente responsable en una compañía no es una cuestión sencilla. En muchas ocasiones se tardan años en lograr que los valores a los que se debe adecuar la empresa y sus grupos de interés (stakeholders) se tornen efectivos y se ejecuten casi de manera automatizada.

Pero si tenemos en cuenta el factor emocional, vamos a facilitar ese proceso que para muchos puede ser hasta traumático. Es que la RSE rompe las estructuras internas y externas de la organización para insertarse en su núcleo y desde allí ramificarse hasta llegar al último involucrado en la cadena de producción: el cliente.

Toda empresa quiere vender más, y con la implementación de estrategias socialmente responsables no sólo podrá vender más sino que mejor: le estará incorporando valor agregado a sus productos.

Aún es muy común que se confunda a la RSE como una extensión de la comunicación corporativa de una compañía, pero quienes sostienen esta concepción tampoco están del todo errados. Es que cuando la RSE entra a una empresa para formar parte de su cultura organizacional lo primero que se establece es un canal de diálogo maduro. Y ahí es cuando entra en juego la comunicación.

El rol de la comunicación en un proceso de inserción de RSE es meramente orientativo: otorgar guías de acción para que la gestión responsable se masifique dentro y fuera de la compañía y que cada uno de los actores se aproxime a los nuevos valores redefinidos a partir de esta planificación estratégica.

Estas cuestiones son las que nos hemos planteado RSE Online, boletín de noticias sobre RSE del cual soy editor desde marzo de 2004, y la Escuela de Formación Humanística Plenitud, especializada en el estudio e investigación de la ciencia de las emociones desde 1988, para abarcar en la Jornada “Liderazgo y factor emocional en la RSE”.

¿Qué impacto tiene el factor emocional en la gestión de la RSE? ¿Cómo influye este factor en el liderazgo? Así como cada uno es el resultado de lo que se ha pensado de sí mismo, cada organización lo es del mismo modo.

En la jornada que realizaremos conjuntamente el próximo 11 de noviembre trataremos como dinámica de grupo la organización de equipos de voluntariado, en función de la implementación de la inteligencia emocional. ¿Cómo identificamos al grupo de voluntarios para realizar el accionar social de la organización? ¿Son todos los empleados aptos emocionalmente para realizar tareas grupales de asistencia? ¿Cómo desarrollamos el factor emocional en el resto de los empleados para que sumen su aporte a la RSE de la compañía? ¿Qué herramientas del liderazgo emocional se pueden poner en práctica para realizar una selección adecuada?

Hay una vieja máxima que dice que “líder se nace”. Pero ese cliché no tiene en cuenta el factor emocional que sostiene que un líder también “se hace”, a fuerza del ejemplo, la comprensión y el desarrollo de la capacidad emocional de cada uno.

Fernando Legrand
(editor de RSE Online)

Artículo publicado en Guía de Posgrados & Capacitación Ejecutiva que sale opcional con el diario Infobae. 17 de octubre de 2006.


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