La dignidad, un valor olvidado

 

Finalmente  vamos a tener que darle la razón a Erich Fromm cuando, en su libro “ Psicoanálisis de la Sociedad Contemporánea” ,afirmaba que la sociedad está enferma psicológica y mentalmente. Decía Fromm que “una sociedad sana es aquella capaz de desarrollar la capacidad del hombre para amar a su prójimo, para trabajar creadoramente, para desarrollar su razón y su objetividad, para tener un sentimiento de sí mismo basado en el de sus propias capacidades productivas”

       Agregaba  : “ una sociedad que muestra características de insania es aquella que crea hostilidad mutua y recelos, que convierte al hombre en un instrumento de uso y explotación para otros, que lo priva de un sentimiento de sí mismo, salvo en la medida en que se somete a otros o se convierte en un autómata”.

        A partir de observar nuestra realidad social , y teniendo en cuenta el dignóstico de Fromm, saquen sus propias conclusiones. Por nuestra parte creemos que la comunidad ,en un alto porcentaje, se ajusta a la descripción de insanía que hace el ensayista. Nos podríamos animar a decir ,sin temor a equivocarnos, que la sociedad está enferma.   A lo largo de la historia este proceso, que concluye en la insania social, casi siempre ha empezado desde arriba, desde la elites, para inundar las bases, convirtiendo al conjunto en una jauría de perros que se disputa una porción del poder, originando, en consecuencia, estados de hostilidad mutua y recelos , cuando no intrigas y faltas de conducta a la moral.

       Una de las fallas, psicológicas, mentales y éticas, que observamos , especialmente en los dirigentes, es la indignidad. No hay dignidad. Y ésta involucra, en primer término, el respeto hacia sí mismo. La persona que se precia de digna lo primero que muestra, como conducta, es respeto por sí mismo, por su nombre y apellido, por su familia y sus antepasados, y en el caso de ser dirigente, que es el tema que nos ocupa, tener respeto por los demás, especialmente por aquellos que lo votaron, por aquellos a quienes representa. En una palabra : respeto por la ciudadanía, por la opinión pública.

       En estos últimos tiempos hay sobrados ejemplos de falta de dignidad, que es decir, no asumir la responsabilidad que le compete específicamente en el manejo de la cosa pública. Creo que sería ocioso enumerar  los numerosos cosas de indignidad ,muchos de los cuales aun están en la memoria del ciudadano. Lo notable es que los indignos siguen en sus puestos como si nada hubiera pasado o son trasladados de un puesto a otro o culpan de sus errores a supuestas “maniobras políticas”, sin asumir, con dignidad y honor – palabra extraña en estos tiempos- que han actuado mal,  que no sirven, que el puesto debe ser ocupado por personas idóneas y que es de buen obrar, y de mejor salud para la ciudadania, dar un paso al costado para empezar desde el llano – si verdaderamente tienen vocación dirigencial- un nuevo aprendizaje que los haga más eficientes, más dignos para la función.- Y es tal el grado de enfermedad psicológica y moral  que tienen algunos dirigentes que no sólo no renuncian, sino que logran el apoyo de sus pares para mantenerse en el puesto como si la meta de la vida fuera exclusivamente morir en el cargo , al cual,por otra parte ,se aferran como una tabla de salvación.

       Pero lo más grave de este espectáculo circense , es que el hombre común, el ciudadano corriente ,imita este proceder y no trepida en manifestar su apoyo a un criminal, o a una diva, insensibilizado por ese modelo  de indignidad. Es decir que se ha llegado a tal grado de corrupción , de insania, que al final se recela de todo y de todos al extremo que se busca  asesores extranjeros para que vengan a solucionar nuestros problemas.  Solo falta que EEUU  envie jueces para administrar justicia en los estrados  argentinos. El FMI nos dice cómo debemos manejar la economía, aunque está comprobado que sus recetas han sumido a la población en la desesperación y en la inseguridad de mantener su fuente laboral.

       Creo firmemente que los argentinos tenemos suficientes reservas morales e intelectuales. Aun contamos con grandes valores en los más variados campos para que asuman responsabilidades  públicas. Lo lamentable es que éstos prefieren mantenerse al margen de las disputas por el poder. Tenía razón Domingo F. Sarmiento cuando decía : “ mientras los hombres capaces se quedan en sus casas , los pícaros van a la casa de gobierno”.

 

Guillermo Días Gómez
Director-Fundador de la Escuela Plenitud


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