Catarsis
La confesión, que es tema
de preocupación de todos, por encima de las creencias,
es como una misteriosa válvula de escape espiritual que
nos libera de nuestras obsesiones,que nos salva de la depresión
pues tiene un alto valor catártico. Siendo tan importante
es muy poco lo que se sabe cómo opera en el ser humano.
¿Cuáles son sus mecanismos y que efectos produce?
El proceso que nos lleva a la confesión
es muy sencillo. Es una ley natural: todo lo que entra en el
cuerpo tiene que salir. Así como eliminamos las sustancias
líquidas y sólidas,luego que éstas han
cumplido su función biológica,así también
debemos desechar psicológicamente las impresiones, emociones
y pensamientos que forman parte de la experiencia vital.
Al mismo tiempo que las impresiones
de nuestros sentidos quedan registradas en el cerebro se desencadena
en el cuerpo una serie de reacciones. En el instante en que
por fin asimilamos una experiencia, sea del tipo que fuere,
la liberamos como algo creativo. En este caso nos sentimos bien.
Pero cuando no logramos "digerir" un determinado acontecimiento,
una impresión, un temor, un cargo de conciencia, nos
sentimos mal. Esto ocurre porque somos incapaces de sacar a
luz algo que nos conmueve o preocupa. Entonces no se enferma
el cuerpo sino la psiquis. Y para curar ese mal la confesión
es el método terapéutico para liberar esa carga.
Este proceso fue estudiado por
el psicólogo Jung, quien observó cómo se
comportaban dos grupos: uno de católicos y otro de protestantes
cuando se sentían enfermos. Los resultados demostraron
que el 57 por ciento de los protestantes iban al médico,
mientras que sólo el 25 por ciento de los católicos
hacían lo mismo. Pero la cosa variaba cuando se trataba
de problemas espirituales. Mientras el 58 por ciento de los
católicos hablaban de ese tema con el sacerdote, sólo
el 8 por ciento de los protestantes hacian otro tanto.
La conclusión que sacó
Jung de esto fue que la confesión tiene una influencia
positiva en la salud de las personas y dedujo que ésta
no es un tema puramente religioso. También Freud llegó
a la misma conclusión considerando a la confesión
como un valioso auxiliar para permanecer sano espiritual y psicológicamente.
Pero antes que todos estos psicólogos,
ya Aristóteles,el filósofo griego, hablaba de
la "catarsis", o sea la limpieza interior. Los asirios
recitaban oraciones para que los Dioses les perdonaran. Los
judios ortodoxos, con motivo de la confesión, celebran
la gran fiesta de la reconociliación. Los musulmanes
y budistas hacen otro tanto. En el caso de los budistas, los
monjes tienen la obligación de recitar sus oraciones
todas las mañanas confesando sus errores; pero éstos
no esperan redención alguna por su confesión,
sino que aceptan el destino y esperan pacientemente el castigo.
Es decir, asumen plenamente la culpa.
Guillermo Días
Gómez,
Director-Fundador de la Escuela
Plenitud