"Si quieres obtener resultados distintos, no hagas siempre lo mismo"
Albert Einstein

En Plenitud creemos que para poder hacer las cosas distintas necesitamos adquirir un nuevo punto de vista, corrernos de nuestro lugar de "saber" y redescubrirnos.

Hoy, en nuestro "Entrenamiento para la paternidad" queremos reflexionar sobre lo que nuestros hijos nos enseñan.

¿Vieron que los niños pequeños tienen esa capacidad de asombro intacta? Para ellos es igual de fantástico que papá flote por la habitación, que ver llover o que ladre un perro.

Conforme van creciendo comienzan a dar las cosas por sentadas. Si "apoyan" en el aire el juguete, se cae. Si gritan mamá siempre viene,  nunca viene o puede que venga (depende su experiencia previa).

A nosotros ya no nos asombra nada siempre estamos esperando, programando, planificando, anticipando, recordando... nos olvidamos de ver las cosas como son y las cubrimos con pre-conceptos, egoísmos, apegos. Al final, nuestra mirada termina transformando todo lo que ve.

¿Por qué sufrimos?

Entonces, de pronto, un árbol no es "un árbol" es el árbol en el que trepaba cuando era chica... y si ese árbol se muere (aunque no sea el "original" sino uno de la misma especie), sufrimos... no porque haya muerto, sino porque con él se muere parte de mi infancia.

Quizás no logre darme cuenta, quizas lo manifieste como tristeza, depresión, enojo o  ansiedad "inexplicable". Quizás sobredimensione respuestas o exagere emociones.

Pero si lograra encontrar la causa real de mi maletar y la dijera en voz alta, comprendería que ese dolor no es real: ¿Cómo puede morir mi infancia, si ya no está? ¿Qué me queda de ella? Un recuerdo (bueno, malo... pero recuerdo al fin). ¿Se puede matar un recuerdo? Claro que no, los recuerdos no se matan, se olvidan. Entonces, aquel árbol de la infancia fue un gran compañero de juegos, pero no lo es ahora.

Encontrando la respuesta interior

Este proceso reflexivo me lleva a valorar el árbol por lo que realmente es: un ser vivo al que amar.

Proyectar mis vivencias emocionales en objetos o personas solo me hace sufrir, perder el verdadero sentido de lo que son. Proyectarme en cosas o sujetos sólo me dificulta el poder dejarlos ir cuando sea el momento... porque sin darme cuenta, creo que esos sujetos u objetos me pertenecen. Los reclamo como parte de mi ser, cuando en realidad no lo son.

  • Esa rabieta, no me la hace a mí... porque quiera verme sufrir: es su manera de expresar que siente dolor, enojo, malestar. ¿Se entiende?
  • Ese exámen que aprobó o no aprobó no es un premio o un castigo para mí: es su forma de reaccionar frente a las presiones del medio.

De pronto desdramatizamos nuestra vida y comenzamos a tomar decisiones más inteligentes con respecto a la crianza de nuestros hijos.

Plus: Ejercitarme en esto me fortalece y es una excelente manera de enseñarle a mi hijo a valorar a las cosas por lo que son y no por lo que creo, ansío, necesito de ellas.

Nuestros hijos aprenden de vernos actuar, no de escucharnos.

Mirada luminosa

¿Y si comenzamos a redescubrir nuestro mundo con asombro?

Y si ese rayo de sol que entra en nuestra cama es tan importante como el pago del alquiler, y merece que le dediquemos un segundo para contemplarlo en todo su esplendor ? Sin encasillarlo, sin esperar que dure para siempre, sin sacarle una foto para recordarlo...

¿Te animas?

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