Les voy a contar una experiencia que me define.

Hace algunos años tuve un "impulso interior" de difundir la doctrina teosófica que mamé desde chiquito, pues toda mi familia paterna cultivo la teosofia como línea de pensamiento. En aquellos años la teosofía se enseñaba o se explicaba en forma muy reservada, pues había una gran oposición de la religión católica y aun del psicoanálisis pues se sostenía que eran manifestaciones culturales contrarias al dogma. En una de mis clases sobre Cosmogénesis que dicto en Plenitud hablamos sobre  HPB (Helena Petrovna Blavatsky) y cómo presentó la doctrina en un momento historico donde el fanatismo religioso y científico ejercían su poder en las mentes de los hombres, especialmente de los académicos o de los teologos. En consecuencia hablar, escribir, disertar sobre conocimientos transpersonales y fuera de los métodos o ritos, era un verdadero desafio.

Mario Roso de Luna -un  teosofo de España- escribió una biografia de HPB con el título : Una martil del siglo XIX. Creo firmemente que es así. Fue una mártir de la intolerancia, de las mentes cerradas, de los dogmas , de los sectarismo y de todos aquellos "ismos "que separan a los seres humanos. Ni qué decir  que encima de todo era "mujer" genero, considerado, en el 1800, como mero reproductor o encargado de los menesteres hogareños. Pensar, estaba reservado para los varones.... ¡Así le fue a la humanidad!; mientras ellos pensaban en la guerra, las mujeres cumplían el deber que era propio del hombre. En fin, así se ha desarrollado la humanidad de estas últimas rondas dentro de una cadena de consolidación del pensamiento.

La llamada interior

Es  así que ha llegado el tiempo que la humanidad , o sea todos los hombres que habitan este planeta, pasen a un circulo superior de pensamiento. Y por ello, una tarde de marzo de 1988, tuve la necesidad de concretar esa idea en principios que serían la razón de ser de los objetivos que se concretaron en Plenitud, creada posteriormente a la difusión de esos principios por intermedio de la Revista Plenitud, por medio de la cual difundí las enseñanzas teosóficas con la colaboración de MTB (María Teresa Bastias) y mis hijos Cintia Vanesa y Maximiliano, quienes fueron unos estoicos frente al ideal de un teósofo que no pensaba en la seguridad objetiva sino en el ideal de una vida dedicada a la difusión de pensamientos que elevaran a los humanos más allá de sus necesidades cotidianas.

Esos principios fueron y son la guía de mi actual existencia terrenal y he trabajado y trabajo para que ellos puedan ser escuchados y vividos. Son estos principios  temas de reflexión, cada uno, cuando los lea,  podrá internalizarlo o desecharlo. Sólo cumplo con mi Alma, no estoy buscando solidaridades, ni seguidores, sólo estoy cumpliendo mi  Dharma,  la razón de ser de mi vida.

Un principio universal

Cuando observo el estado en que se encuentra el doliente ser humano, más fuerza adquiero para difundir estos principios, que profundizados pueden ayudar al humano a ser verdaderamente humano y no un humanoide que sólo es estimulado para vivir por apetencias materiales y emocionales, que son buenas, pero limitativas del real motivo de la existencia que es liberarse de la ilusión de las cosas que hoy son y mañana dejan de ser. Tenemos que aferrarnos a lo que siempre es, y eso es  llamado Espíritu. Lo eterno, lo siempre presente, aun en nuestros pensamientos.

Por ello creo y trabajo por estos principios, que podrían ser bandera en la educación, estandarte en la política, creencia en las religiones, norma en la cultura e ideal en la filosofía; como también experiencia en la ciencia, creación en las artes y belleza en el ser humano.

Esos principios, enunciados también pueden ser considerados meras expresiones de deseo, pero en cada uno de esos principios subyace el perfume de la esencia espiritual, que hay que descubrir en el aislado silencio del ser.

En ese recogimiento interior podremos concluir, que es importante en este momento y en todo tiempo histórico difundir estos principios que son  :  el Amor   por sobre el odio; el diálogo por sobre la confrontación; la complementación. por sobre la competencia; la solidaridad  por sobre el egoísmo; la cooperación por sobre el individualismo; la tolerancia por sobre el autoritarismo; y  la humildad , por sobre la soberbia.

 Los invito a reflexionar sobre ellos y ponerlos en práctica en la medida de la conciencia de cada uno.